viernes, 6 de mayo de 2011

Scream.

Lo intento. Juro que lo intento. Doy vuelta las situaciones, me río de ellas, juego con las posibilidades y me enseño diariamente que debo ponerle una sonrisa a cada día porque la vida es demasiado corta como para amargarme. Creo escudos, armas y mecanismos de defensa para evitar caer, para no llorar, para no ver cómo mi vida cada vez tiene menos sentido, menos vida que nunca. Me digo que algo debo de haber hecho para merecer el odio y la indiferencia de cierta gente a la que aprecio. Me digo que no doy suficiente de mí como para ser aceptada por quién soy. Pero ya nada de lo que hago tiene pizca de sentido. Es como si no tuviera emociones, tantos mecanismos me quitaron todo sentimiento, nada me importa, nada me duele, nada me agrada y nada logra movilizarme. Existo de forma automática perdiendo los antiguos pensamientos positivos sobre la vida, sobre el poder de mejorar, de cambiar, de crear un mundo mejor, pierdo las esperanzas de que una aventura maravillosa me suceda, y pierdo los sueños despiertos de cada noche. Es que ya nada, nada tiene ningún sentido para mí. Mi vida se detuvo en algún suceso desconocido y desde ese momento no puedo volver a darle cuerda para volver a vivir. No tengo ganas de seguir riendo por mis problemas, ya no puedo seguir soñando con un mañana mejor, con una aventura de cuentos ni puedo sentir nada en absoluto. ¿Entonces qué me queda? ¿Esperar hasta que mi vida se pase riendo a mi lado? ¿Seguir así? ¿Llorando lágrimas secas desde el corazón? ¿Callando sentimientos que no siento? ¿Soñando en blanco y negro películas tristes? ¿Apretando la cara contra la almohada para poder reprimir un grito? ¿Debo seguir girando con insistencia en la cama, mientras la oscuridad me consume lentamente? ¿Extrañando cosas que nunca fueron mías? ¿Debo seguir así? ¿Debo dejarme perder en el olvido sin ser nadie?
¿O debo levantarme, abrir bien los ojos y de una vez por todas... gritar?

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