jueves, 15 de agosto de 2013

Circles

           Cerré un ciclo. 
    El domingo 11 de agosto cerré un ciclo. Ese día de votación, a mi abuela casualmente le tocó votar en esa escuela. En esa que te conocí, en esa que perdí la mayor parte de mi identidad una vez. En esa escuela que además de verme crecer, me vio caer. Fue casual, por supuesto, como lo es todo en mi vida últimamente. Una casualidad de algún destino. 
    La acompañé, porque hacía meses que venía pensando en esa escuela. En sus pasillos, en sus escaleras, en los ecos de recuerdos a flor de piel. Mientras ella hacía fila y hablaba con otra señora de lo caro que está el pan, yo caminé sobre ese suelo, sobre esas huellas invisibles que dejé tiempo atrás. Toqué sus frías paredes, pintadas del mismo color de siempre. Subí al segundo piso, saltándome el escalón suelto que solía hacernos tropezar a todos. Estaba abarrotado, claro, pero eso ayudaba a sentirme más en casa, recordando el bullicio de esos recreos felices. No me dejaron pasar a mi antiguo salón, obviamente, porque había gente votando ahí, pero el simple hecho de ver esa puerta y esa ventana fue demoledor. 
    Es un circulo vicioso, pensé. Todos los caminos conducen a Roma, recordé. Fue irónico y maravilloso el estar allí parada seis años después. Tan distinta y tan idéntica. Tan adulta y tan pequeña. Tan confundida y tan decidida. No se sintió como en una película, pero el efecto fue mejor. Murió el fruto pero no la semilla. Me paré ahí, seis años después, y sonreí. Porque no todo fue tan malo, porque al final nada era irreversible, porque sentí que tanta lucha, tanto dolor y tanto hartazgo finalmente habían valido la pena. 
    Seguí recorriendo los pasillos, tomando innecesarias fotos mentales de un lugar que nunca olvidaré, emocionándome con recuerdos que, dios mío, al fin volvían a ser satisfactorios. El agua siempre vuelve a su cause, dicen, lo que no dicen es que el agua y el cause no son los mismos cuando vuelven a encontrarse. Y a veces, entendí, eso no tiene por qué ser algo malo. 
    Regresé a esa escuela, al lugar que nos vio ser. Siempre supe que regresaría, sabiendo el círculo en el que vivimos, pero nunca pensé que se sentiría tan bien. Nunca imaginé que sería tan curativo hacerlo. Nunca imaginé que fuera tan casualmente necesario. Mientras estaba allí, de pie, te perdoné. Me perdoné. Al fin pude decirle adiós a muchas cosas. Inhalé un nuevo aire, que paradójicamente era el mismo aire de antes, contuve el aliento y me dejé caer. Caer no siempre es malo. A veces, cuando has volado tan alto como para escapar de todo, caer es la mejor solución. Caer de pie, firme, en la tierra. Caer en el punto final de ese círculo que increíblemente sí tenía un fin. 
    Le sonreí a tu fantasma, agradeciéndole por haberme enseñado tanto, por haberme hecho tan fuerte. Le sonreí a mi fantasma, apaciguando a sus demonios y dejándola dormir en paz de una vez por todas. Y ambos se fueron, esas sombras atormentadas que me atormentaban... se fueron. 
    A veces uno necesita volver al comienzo para llegar al final. A veces el círculo sigue girando sólo para avisarte que has dejado algo inconcluso. Pareciera una estupidez que volver a esa escuela fuera mi tarea inconclusa. Y es que mi tarea no era volver allí. Mi tarea era aceptar y perdonar. Y como un aroma que te recuerda al verano o una canción que te transporta a otros tiempos, mi forma de llegar allí era ver ese edificio y dejarlo ir. 
    Me siento libre, liviana y segura. Mis pasos no tienen por qué seguir siendo temblorosos, ya no camino en una cuerda floja. Creo que nunca lo hice. Tal vez sólo estaba asustada de mirar hacia abajo. He dejado de culparlo todo, de sentir rencor. He aprendido a mirar atrás sin miedo de quedarme atrás. He cerrado un ciclo, uno largo, pesado y doloroso. Me queda, finalmente, empezar de cero. Y debería abrumarme, siendo que el cero es sólo otro círculo, pero no lo hace porque entendí que sólo gira y gira el que quiere. Y tal vez en este nuevo comienzo no me asuste tanto girar. 

miércoles, 7 de agosto de 2013

I was

    Fui lo que todos querían que fuera. Fui lo que supuse que debía ser. Fui esa que a ti te gustaba amar, esa que a ellos les gustaba desear. Fui calor en los días de invierno y frío el resto del tiempo. Fui una sonrisa en el momento justo y una lágrima en las noches de soledad. Fui un abrazo cuando lo necesitaste y una mano cayendo solitaria en la oscuridad. Fui el grito y la voz de unos muchos, y el silencio perfecto que permite escuchar. Fui opresión y fui libertad. 
    Fui el dolor y la satisfacción. Fui la luz de algunos y mi propia oscuridad. Fui el amor en la vida de alguien, y el odio de quien no podía odiar. Fui la nieve que lo cubría todo y el cristal en el que te reflejaste. Fui la tierna infancia y un duro golpe de realidad. Fui el hombro en el que lloraste y el rostro que se ocultaba para llorar. Fui esperanza y fui cambio.
    Fui tal vez amiga y compañera. Fui ese aroma veraniego del recuerdo y el recuerdo que no quieres recordar. Fui aquél sol de otoño que te detienes a observar. Fui el cielo que tocaste y la tierra que dejaste. Fui el océano que te asustaba y la arena que te daba paz. Fui el brillo en tu mirada y el dolor de un pronto adiós. Fui entonces la raíz del fruto y el mismo renacimiento. Fui inocencia e impotencia. Fui sobretodo necedad.
   Fui lo que quise ser, lo que amé, lo que odié. Fui todo lo que quisiste y todo lo que olvidaste. Fui todo y nada. Fui yo, y fui alguien más. Fui, fui, fui... pero ¿Quién soy? ¿Soy lo que fui? ¿Soy una parte de ello? ¿Soy todo? ¿Soy nada? ¿Soy lo mismo? ¿Soy algo distinto? ¿Soy?
    Tal vez, tal vez no soy. Aún no. Pero lo que es seguro... es que seré.

jueves, 11 de julio de 2013

Increíble

Increíble.
        Hablé conmigo misma ayer y fue increíble. Por un momento dejé de huir, respiré hondo y miré hacia atrás. Hice a un lado los recuerdos de una vida que quería recuperar y por primera vez en mucho tiempo vi el verdadero camino, el que caminé pero no viví, me vi a mí misma, asustada, frágil e insegura. Me quedé de pie allí durante un largo tiempo y me atreví a hablar con aquella parte de mí que mantengo oculta y prisionera.
        Afuera llovía y el cuarto estaba a oscuras. La música, su voz, sonaba en mis oídos. Cual loca hablando sola mientras la primera lágrima, ardiente y helada caía, me dije "Hola". Me acurruqué en un rincón de la cama y contuve un grito. Grité, supongo, pero fue por dentro. Un grito desgarrador y al mismo tiempo, liberador. Empecé a hablar con quien fuera que estuviera en mi cabeza, seguramente yo misma. Empecé a culparme por las horas de soledad, por los errores, por los años perdidos... simplemente dejé que todo saliera. Crudo y realista, sin medias tintas, sin el matiz arrogante de siempre. Dejé de culpar a los demás, de justificarlo todo, dejé que la burbuja explotara y que los muros cayeran.
        Para adaptarme y comenzar la confrontación, utilicé una metáfora que se ha vuelto mi mantra estos últimos dos años: el blanco y el negro. Mi yo blanco me escuchaba, en silencio. 
        He vivido casi toda mi vida siendo dos personas diferentes. Creo que todos tenemos dos caras, dos colores. Tengo la esperanza de que al crecer logramos unificar esos colores. En mi caso son dos colores muy opuestos, muy lejanos, muy notorios. Una parte de mí, la que siempre he escondido, la blanca, es muy ilusa, muy inocente, muy tierna y muy frágil. La otra, la negra, es muy fría, muy desconfiada, muy dañina y muy débil. ¿Cómo haces, pensaba yo, para unir dos muy tan diferentes? Es como hacer chocar un planeta de hielo con uno de fuego. Durante mucho tiempo creí que si lo hacía, si intentaba amoldar ambas partes en una sola, sería desastroso. Creía que si esos planetas chocaban la posibilidad de que una mínima partícula sobreviviera era escasa. Y como soy cobarde, preferí pasar años sin arriesgarme. 
        Pero anoche, increíblemente me cansé. Me cansé de saber que sabía que todo estaba mal, me cansé de saber que estaba equivocada y me cansé de protegerme del mundo. He aprisionado tanto a esa parte blanca que casi la asesino. He sido negro tanto tiempo que no sé cómo empezar de nuevo, pero sé que tengo que hacerlo. Ella no tiene razón, yo tampoco. El negro no debe existir porque es dañino y el blanco no lograría sobrevivir en este mundo. La solución es simple, y siempre lo he sabido. 
        No puedo pasarme la vida peleando con esa parte de mí que quiere reír de verdad y llorar por otro sentimiento además del vacío, con esa parte que quiere vivir y amar. No puedo pasarme la vida alejándome de todo y todos, lastimando para no ser lastimada. No puedo ser una o la otra. Debo encontrar un balance. Debo ser gris.
        Y anoche, mientras me decía todo esto y más, me sentí libre. Por un momento dejé de sentir que el único camino correcto era hacia atrás, donde estaba lo que amaba. Solté, por ese increíble fragmento de tiempo, las cuerdas que me ataban al pasado y sonreí. La música seguía sonando cual faro en la tempestad, y yo seguía llorando. Aún no soy gris, tardaré mucho tiempo en serlo. Aún no soy el cambio que quiero ser, pero sé que esa última mirada hacia atrás, hacia lo que fui y lo que no quiero seguir siendo, fue el primer paso hacia quien siempre debí ser
        Escapé durante mucho tiempo de mí misma, aterrada y consumida en tiempos mejores. Pero me cansé. No sé cuál fue el detonante, o tal vez sí, pero sé que fue el momento justo. Sé también que este cambio será lento e interno. Día a día daré un pequeño paso en la dirección correcta. No puedo volver a ser quien era, y hoy veo que es mejor así. No hay nada bueno en quien era, sólo recuerdos bonitos. Es mejor levantarme de entre los escombros de mis muros, renacer de mis cenizas, que seguir uniendo piezas rotas de un pasado más fácil. Es mejor intentar unir el blanco y el negro que fingir ser cualquier otro color. 
        Sigo siendo la misma, las mismas, sigo siendo ambas caras de la moneda, ambos extremos del puente, pero la posibilidad, esa diminuta y hermosa posibilidad de crear mi balance perfecto, es increíble.


sábado, 22 de junio de 2013

Sad

Triste. 
       Es demasiado triste. Es demasiado triste y doloroso ver cómo te desintegras entre falsas apariencias y dotes de una inteligencia salida de ningún lado. 
       Es demasiado abrumador ver cómo caes en el juego que tú mismo has inventado, cómo le sonríes a una negligencia peligrosa. 
    Es triste y decepcionante que al abrirse el telón sólo estés ahí parado, portando una máscara roída y ya vacía de significado. 
       Es triste y devastador volver a tu vida luego de un largo tiempo y ver que no queda nada. Que todo lo que has sido, dicho y hecho, se ha desvanecido. 
      Ya no puedo verte entre tantas mentiras. Entre tantos disfraces. ¿En quién demonios te has convertido? ¿En quién demonios me he convertido yo, para llegar a ser tan ilusa y creer que todo seguiría igual? Acepto que yo he cambiado. He crecido, sufrido y mutado en algo que no puedo controlar. ¿Pero en qué parte del cambio te equivocaste tanto? ¿En qué parte del cambio te perdiste a ti mismo? Pareciera que has juntado las pocas piezas de ti que estaban sanas, uniéndolas en una mala imitación de tu verdadero yo. Un reflejo mal enfocado de lo que solías ser. 
        Es triste y me duele, me consume, lo poco que queda de ti, si es que queda algo. Me aterra adentrarme en tu nuevo yo, tan lleno de odio, de negación, de conformismo. Me aterra conocer a esa persona que siempre prometimos no ser. Esa hipócrita, cínica y arrogante que a veces veíamos de lejos. 
       Pero no me sorprende. Ya hace tiempo había vestigios de esa persona en ti. A veces, si te veía bien de cerca, veía a ese ser herido con ganas de herir, a ese ser que se creía capaz de pasar por sobre todos los demás. Nunca creí que llegarías a soltar a esa bestia. 
       Es triste hablarte como si fueras un extraño. Como si fueras el vendedor de una tienda o el pariente lejano al que nadie ve muy seguido. Es triste que me hables como a una desconocida. Que nuestras conversaciones se deriven al clima, la cena o nuestras mascotas. Es triste que cuelgues indirectas en tus frases, y que éstas parezcan llenas de rencor, dolor, o vete tú a saber. ¿Lo sabes siquiera? ¿Eres consciente de que estás culpándome por algo que no hice? ¿Sabes que tus palabras lucen afiladas, aterradas, inseguras y lastimadas? 
      ¿Sabes que aunque me digas mil veces que estás bien, no me lo creeré? Puedo ver al ser mutilado dentro de ti. Al verdadero, al que siempre he amado, al que tienes como prisionero por crímenes que no cometió. Detrás de tu falsa arrogancia y el metal candente de tus palabras, veo el temor y la soledad. 
       Y es triste. Y me duele. Me duele que me apartes de tu vida cuando hace sólo un suspiro regresé a ella. Me duele que uses tu máscara conmigo cuando creí que siempre seríamos sinceros el uno con el otro. Me duele la impersonalidad, la incomodidad con la que hablamos. Me duele que estés atravesando ese túnel rojo de ira, rencor, dolor y soledad. Me duele estar esperándote al final de éste. 
       Porque yo ya lo crucé y no hay nada mejor del otro lado. Porque yo ya lo crucé y tú no estuviste ahí para mí. Pero yo quiero estar ahí para ti, como la estúpida masoquista que siempre he sido. 
       Es triste que a pesar de todo lo que hemos pasado, aún seas incapaz de verme. Que a mí, de entre todas las personas, elijas mentirme. Y que, para peor, creas que voy a creerte. 
     Es triste ver en lo que nos hemos convertido. Pero es más triste pensar en lo que no podremos volver a ser jamás
       

jueves, 23 de mayo de 2013

Pain, pain, pain, pain...

         Regreso al mismo lugar, a los mismos recuerdos, una y otra vez. Repito las palabras y los escenarios. Pasan los meses y las estaciones, los días y las distancias, y yo sigo aquí aferrada al mismo vacío de siempre. Mientras evito pensarte todo funciona medianamente bien. Pero no puedo evitar esta inmensa pared durante mucho tiempo. Nunca pude
         Entonces caigo. En todo lo que has dejado atrás, en la nada misma, caigo. Porque una canción sonó en el momento equivocado, porque en la tienda pasó alguien con el perfume equivocado, porque tomé la ruta equivocada o simplemente porque yo misma vivo equivocada.
         No me quedan fuerzas para odiarte o para seguir alejándome de los recuerdos. No me quedan fuerzas para seguir creyendo que volveré a verte. No me quedan fuerzas ni para vivir. ¿Me habré vuelto loca? ¿Cómo se supone que siga enamorada de quien hoy es una sombra? Ha pasado tanto tiempo...
         Ha pasado tanto tiempo que temo olvidar tu sonrisa, a pesar de soñarla cada vez más seguido, tanto tiempo que temo no recordar tu aroma a chocolate, aunque esté grabado a fuego en cada una de mis células. Ha pasado tanto tiempo y sin embargo, para mí, todo sigue igual. Sigo siendo la inmadura que reía con tus bromas y lloraba por espinas en vez de rosas. Sigo siendo la que te sonreía y abrazaba cuando llegabas entre la lluvia. Sigo siendo la que, estúpidamente, se sonrojaba cuando le decías que la querías.
         
Sólo tú has cambiado. Has cambiado tanto que ya no sé quién eres. ¿Seguirás siendo ese que corría por toda la casa para atraparme? ¿Ese que cantaba con un perfecto acento inglés canciones que nadie conoce? Espero que sigas siendo aquél que traía películas predecibles y aburridas sólo para quedarse charlando conmigo toda la noche. Pero si ya no eres él, espero que seas al menos ese que amaba las cosas simples y verdaderas y que gustaba de escribir poemas que nadie leería nunca. 
         No me queda nada. Hoy entiendo que en un desesperado e inconsciente intento de arrancarte de mí, maté todos mis sentimientos. Alejé a mis amigos porque dejaron de importarme, dañé a mi familia porque me aislé de ellos, perdí el rumbo porque nada me apasionaba. Ni siquiera solté una lágrima cuando mi abuelo, habiendo sido un padre para mí, falleció. Y sólo entonces creí que lo había logrado, que mutilando la parte humana de mí te había olvidado, pero no
       Pasé dos años completamente sola, encerrada en este cuarto y en mí misma, extinguiendo todo lo puro que había en mí, y aún así, aún así no logré enterrar lo que siento por ti. Pasé dos años sin emocionarme o entristecerme por nada y, maldición, no sirvió para nada. Llevo seis meses torturándome y agotando todas mis fuerzas en evitar tu recuerdo, pero vuelvo aquí a volcar mi fracaso. Cada día duele y cuesta más. No logro apaciguarlo llorando, siendo que olvidé cómo hacerlo. Nada, nada funciona
         ¿Qué se supone que haga? ¿Buscarte? ¿Contártelo? Sé que lo entenderías, pero tu vida al fin está yendo bien y lo único que hacemos cuando estamos cerca es dañarnos. Vaya, supongo que este es el adiós definitivo que siempre quise darte. Supongo que nunca estuve lista para hacerlo. Supongo, según pinta el panorama, que tú sí.
         Estaba segura de que volverías, como has hecho siempre, pero cada día cuesta más creerlo. Hace un año te dije que se nos había ido el tren. Soné tan segura, hasta yo misma me lo creí... pero me has vuelto una gran mentirosa. Di demasiadas cosas por sentado, creyendo que mis palabras te darían igual como hacían siempre y que seguirías intentando. Siempre fuimos así ¿Recuerdas? Uno dañaba el orgullo del otro, impulsándonos a retarnos cada vez más. ¿Has tirado la toalla?
         Doce meses atrás sólo quería que desaparecieras de mi vida. Hoy, sólo me falta suplicar de rodillas para que vuelvas. Estoy aquí, estancada en el mismo lugar y en los mismos recuerdos. Todos los sentimientos que no sentí vuelven para torturarme, ahora apuntando en una misma dirección, haciéndome a mí lo que yo hice con ellos: matarme

miércoles, 20 de febrero de 2013

Why






¿Por qué no estás aquí?
¿Por qué sigo viviendo a través de recuerdos? ¿Por qué no sólo te dejo ir? ¿Por qué no sólo te elimino de mí? Sería como borrar esos recuerdos de la infancia, fácil, imperceptible. Inevitable.
¿Por qué no puedo olvidarte? ¿Por qué duele recordarte?
A diario quisiera tener mala memoria. Poder despertar un día y recordar que hay algo que no recuerdo.
Me gustaría olvidar los buenos momentos que pasé contigo, porque esos son los que más se aferran a mí, los que me hacen desear regresar a tu lado para revivirlos.
Porque irónicamente, son los que más duelen.





¿Por qué sigues aquí?
¿Por qué, a pesar de haber logrado olvidarme, sigues regresando? ¿Por qué desapareces?
¿Por qué ya no puedo fingir que nada importa? ¿Por qué no me enseñaste cómo olvidar? Sigues allí, recorriendo mi ser a tu gusto, sin siquiera mirarme.
¿Por qué demonios no te vas?
Todo sería fácil, si tú no aparecieras intermitentemente para recordarme todo aquello que vivimos. Todo aquello que nos falta vivir.
Son tus recuerdos los que me asfixian. Es tu esencia, dando vueltas por todas partes. Es todo lo que dejaste atrás.
Porque tristemente, también me dejaste a mí.

viernes, 15 de febrero de 2013

Games

  










So tired of this games                    



Quiero dejar de jugar.
Estoy cansada, confundida y consciente de que no vale la pena.
No vale la pena jugar a que te conozco, porque ya no lo hago. No vale la pena jugar a que me conoces, porque nunca lo hiciste. No vale la pena decírtelo, porque tú escuchas lo que quieres.
¿Por qué sigo jugando? Odio perder. Siempre pierdo contigo.
¿A qué estamos jugando realmente? Tú juegas a las escondidas, yo juego a que no te estoy buscando. Tú te quedas en el mismo lugar, yo nunca fui allí.
Desde que te conozco hemos jugado todo el tiempo, ahora me doy cuenta. La indiferencia, la amistad, las idas y vueltas, todo fue un juego. Nunca supe quién va ganando, pero pongo todo de mí para no perder en los juegos que tú inventas.
¿Quién eres? ¿Por qué no dejamos de jugar unos minutos, te quitas el disfraz y me dejas verte? ¿Por qué no dejas de lado el falso orgullo y regresas a ser aquel del que me enamoré? ¿Por qué no sólo... dejas de jugar?
Quiero regresar a ese parque, a las risas y la música. Quiero volver a las miradas sinceras y a las almas sin barreras. Quiero a esa persona que no sabía nada sobre nada y no temía admitirlo. Necesito a ese que sonreía sarcástico y me hacía cosquillas. Quiero que vuelvas a ser esa persona que me enseñó a disimular el dolor y a jugar, sólo para pedirte que no me lo enseñes.
Y es que sé que el juego no terminó. Lo pusimos en pausa por un tiempo, pero por dios, sé que volverás y querrás seguir jugando. O quizás ésta vez sea yo quién oprima start. No importa, nunca importó quién lo hacía, sólo importa que jamás hay un fin, por mucho que a veces ruegue por uno.
Te extraño, no puedo negarlo. Extraño tus mentiras piadosas, tus fingidos enojos, la forma en que nuestros ojos siempre se encontraban. Extraño la complicidad, la fortaleza que teníamos cuando jugábamos juntos en vez de en contra. Te extraño, pero puedo ocultarlo. Tú me enseñaste todo sobre mascaras y disfraces. Tú me enseñaste a jugar al poker de la vida real.
Duele. Duele no saber qué es real y qué un juego. Duele no poder detenerme. Duele cruzar esa línea a cada momento porque fue lo único que olvidaste enseñarme: cómo parar.
Y duele, porque todo esto es una mentira. Porque no cambiaría nada.
Yo sólo... quiero seguir jugando.

martes, 12 de febrero de 2013

Forget

  










I just want to forget you       



Por favor, enséñame a olvidar cada segundo que pasé junto a ti.
Tengo el alma triste a causa de este amor.
Será mejor decirnos adiós.
Te lo pido por favor: déjame olvidar todo lo que respecta de ti.
Tengo la esperanza de vivir sin tu calor.
Sólo detén este dolor.

Sé que es lo mejor para los dos.
Casi no me queda voz.
Te lo suplico, respeta mi decisión, mi dulce error.

Si te lo pido yo... ¿Ya no me lastimarás?
Al menos ten piedad de mi dolor.
Ay de mí, que no paro de llorar, al recordar tu voz.
En mi soledad, cómo duele el corazón.

Por favor enséñame a asumir la idea de que otra te besará.
Quiero imaginar que un día me resignaré,
y al despertar, ya no estarás.
Te suplico por piedad, júrame que ya en mis sueños no me atormentarás.
Que mi vida sigue, y tú con alguien más,
juntos, por siempre se amarán.

Nada quedará, ni amistad, ni miradas que cruzar.
Sé que es tarde, y por mi parte, querré odiarte.
En vano, quizás.

Imploro, si hay un dios, que me arme de valor,
para atreverme a decirte adiós.
Ésta vez, he de superar el dolor.
Enséñame a olvidar, y tus besos borrar de mis labios y mi piel.

Te imploro, déjame olvidar todo ya de ti.
Aunque mi corazón se parta en dos,
pensaré que esto pronto acabará.
Mi vida seguirá, y nuestra historia ya, llegará pronto a su fin.
Y así un nuevo amor... nacerá para los dos.

Lucy Sanchez ― Enséñame a olvidar.

sábado, 26 de enero de 2013

Caught

  










The air around me still feels like a cage




Atrapada.
No sabía cuántos significados podía tener esta palabra hasta que apareciste en mi vida. Creía que sólo servía para decir: "¡Me he quedado atrapada en el baño! ¡Un susto horrible!". Y horrible sí es.
Recuerdo cuando me atrapaste por primera vez. Iba desprevenida, riendo con mis amigas sobre no sé qué cosa y dijiste adiós. Hubiera pensado que se lo decías a cualquiera de las cien personas que había allí, pero te paraste en frente de mí, con tu sonrisa burlona y sacudiste la mano frente a mi rostro. Adiós. ¿Qué manera de presentarte era esa? No sabía tu nombre. Habíamos pasado años en el mismo edificio y era la primera vez que te veía. Y cuando dije "¿Y este loco quién es?" y mis amigas rieron, no lo supe. No vi que estaba atrapada.
Pasaron los días, seguías hablándome como si me conocieras. Seguías atrapándome.
¿Sabes cómo se caza a un ave? El macho comienza su canto, y la hembra, por curiosidad, estupidez o amor ciego, vuela hasta la jaula y queda atrapada. No entiende qué demonios pasó hasta que el cazador mira por entre los barrotes con una sonrisa satisfecha. Y allí es cuando el ave ha de culparse por tremenda idiotez.
En mi caso diré que fue curiosidad. Eras un misterio en toda regla. Hablabas mucho sin decir absolutamente nada la mayor parte del tiempo. Pero eran aquellas veces en que sólo soltabas dos palabras y decías mil verdades cuando yo quería volar a la jaula sin importar nada.
En ese momento juraba que me habías emboscado. Que me habías atrapado a la fuerza. Pero no. Yo me dejé atrapar.
Y sigo atrapada, después de tanto tiempo. Sigo viendo el mismo paisaje desde que entré en la jaula. Muy poco ha cambiado por fuera, pero nada es igual por dentro.
La jaula está hecha trizas, sin brillo, sin que nadie cuide de ella. He lastimado tanto mis alas intentando escapar que no creo poder volver a volar nunca más.
Pero, ¿Por qué sigo estando aquí? ¿No deberías haberme dejado libre en cuanto encontraste aves más bonitas y fáciles de atrapar? Sí, lo hiciste. Abriste la jaula hace mucho tiempo, sólo que no quiero verlo. Prefiero seguir siendo estúpida, golpeándome contra los barrotes y no viendo la salida. Es que no puedo. Esta jaula es todo lo que conozco. Es la única que me conoce.
Soy libre. Puedo elegir. Tú me dejas hacerlo. Y yo, esperanzada, elijo quedarme. Quizá esperando que algún día tú regreses, tú y tu estúpida sonrisa burlona.
Yo, a pesar de que estar así me asfixia, me destruye y me mata poco a poco, elijo estar atrapada.