viernes, 15 de febrero de 2013

Games

  










So tired of this games                    



Quiero dejar de jugar.
Estoy cansada, confundida y consciente de que no vale la pena.
No vale la pena jugar a que te conozco, porque ya no lo hago. No vale la pena jugar a que me conoces, porque nunca lo hiciste. No vale la pena decírtelo, porque tú escuchas lo que quieres.
¿Por qué sigo jugando? Odio perder. Siempre pierdo contigo.
¿A qué estamos jugando realmente? Tú juegas a las escondidas, yo juego a que no te estoy buscando. Tú te quedas en el mismo lugar, yo nunca fui allí.
Desde que te conozco hemos jugado todo el tiempo, ahora me doy cuenta. La indiferencia, la amistad, las idas y vueltas, todo fue un juego. Nunca supe quién va ganando, pero pongo todo de mí para no perder en los juegos que tú inventas.
¿Quién eres? ¿Por qué no dejamos de jugar unos minutos, te quitas el disfraz y me dejas verte? ¿Por qué no dejas de lado el falso orgullo y regresas a ser aquel del que me enamoré? ¿Por qué no sólo... dejas de jugar?
Quiero regresar a ese parque, a las risas y la música. Quiero volver a las miradas sinceras y a las almas sin barreras. Quiero a esa persona que no sabía nada sobre nada y no temía admitirlo. Necesito a ese que sonreía sarcástico y me hacía cosquillas. Quiero que vuelvas a ser esa persona que me enseñó a disimular el dolor y a jugar, sólo para pedirte que no me lo enseñes.
Y es que sé que el juego no terminó. Lo pusimos en pausa por un tiempo, pero por dios, sé que volverás y querrás seguir jugando. O quizás ésta vez sea yo quién oprima start. No importa, nunca importó quién lo hacía, sólo importa que jamás hay un fin, por mucho que a veces ruegue por uno.
Te extraño, no puedo negarlo. Extraño tus mentiras piadosas, tus fingidos enojos, la forma en que nuestros ojos siempre se encontraban. Extraño la complicidad, la fortaleza que teníamos cuando jugábamos juntos en vez de en contra. Te extraño, pero puedo ocultarlo. Tú me enseñaste todo sobre mascaras y disfraces. Tú me enseñaste a jugar al poker de la vida real.
Duele. Duele no saber qué es real y qué un juego. Duele no poder detenerme. Duele cruzar esa línea a cada momento porque fue lo único que olvidaste enseñarme: cómo parar.
Y duele, porque todo esto es una mentira. Porque no cambiaría nada.
Yo sólo... quiero seguir jugando.

No hay comentarios:

Publicar un comentario