Cuando era chica, miraba mucha televisión. Me pasaba horas sentada intercambiando entre los típicos canales para niños. De tres o cuatro programas, uno me cambió la vida. Sakura Card Captor es la culpable de que esté escribiendo esto. Y no voy a hablar del programa o la televisión.
Primero me tengo que admitir a mí misma que sí soy una persona idealista, o al menos he vuelto a serlo. Idealizaba, soñaba y anhelaba encontrar, como todas a los ocho años, un final de cuentos de hadas. Con el joven que me amase profundamente durante toda la vida, que me enamorase día a día, con la mejor amiga, esa que jamás va a posponer un dolor para más tarde, esa que confiase ciegamente en mí como yo en ella. Y es lo más estupido que puedo estar diciendo a esta edad.
De más grande soñaba con seguir creciendo, pero no quería dejar de ser inocente, había vivido muchas cosas y me aterraba perder la inocencia característica de una niña. Y lamentablemente, como tenía ocho años, me hice esas promesas, tuve esos sueños y deseé ese final. Y fallé. Era obvio que iba a fallar pero nadie me vino a decir eso antes. Entonces a los once años cuando no pude más con todo, empujé esas promesas vacías, esos sueños rotos y esos deseos insulsos, para que cayeran a una nada eterna en la que no podría recordarlos, y no podrían lastimarme. No lo logré. Así que con mucha prisa mientras lloraba por las noches, allí en la esquina de mi corazón creé una hermosa caja de cristal con cadenas. Y ahí fueron a parar, no sólo lo fallido, también las dudas, el sufrimiento, el amor no correspondido, el adiós a los seres amados, todo, todo fue cayendo lentamente en esa caja pequeña. Y me reía. Me reía porque nada ni nadie podía romperla, era imposible que todo el dolor y el recuerdo salieran de esa caja de cristal. Pero era cristal. Y el cristal es muy frágil, lo hice así porque en esos momentos me creía demasiado frágil. Hoy pienso que podría haberla hecho de madera, hierro, para más seguridad. Pero no la hice así y aquí estoy. Hace un tiempo comencé a ver en Internet la dichosa serie, por primera vez en ocho años. “Recordar la infancia” dije.
Primero me tengo que admitir a mí misma que sí soy una persona idealista, o al menos he vuelto a serlo. Idealizaba, soñaba y anhelaba encontrar, como todas a los ocho años, un final de cuentos de hadas. Con el joven que me amase profundamente durante toda la vida, que me enamorase día a día, con la mejor amiga, esa que jamás va a posponer un dolor para más tarde, esa que confiase ciegamente en mí como yo en ella. Y es lo más estupido que puedo estar diciendo a esta edad.
De más grande soñaba con seguir creciendo, pero no quería dejar de ser inocente, había vivido muchas cosas y me aterraba perder la inocencia característica de una niña. Y lamentablemente, como tenía ocho años, me hice esas promesas, tuve esos sueños y deseé ese final. Y fallé. Era obvio que iba a fallar pero nadie me vino a decir eso antes. Entonces a los once años cuando no pude más con todo, empujé esas promesas vacías, esos sueños rotos y esos deseos insulsos, para que cayeran a una nada eterna en la que no podría recordarlos, y no podrían lastimarme. No lo logré. Así que con mucha prisa mientras lloraba por las noches, allí en la esquina de mi corazón creé una hermosa caja de cristal con cadenas. Y ahí fueron a parar, no sólo lo fallido, también las dudas, el sufrimiento, el amor no correspondido, el adiós a los seres amados, todo, todo fue cayendo lentamente en esa caja pequeña. Y me reía. Me reía porque nada ni nadie podía romperla, era imposible que todo el dolor y el recuerdo salieran de esa caja de cristal. Pero era cristal. Y el cristal es muy frágil, lo hice así porque en esos momentos me creía demasiado frágil. Hoy pienso que podría haberla hecho de madera, hierro, para más seguridad. Pero no la hice así y aquí estoy. Hace un tiempo comencé a ver en Internet la dichosa serie, por primera vez en ocho años. “Recordar la infancia” dije.
Y fue el peor error que pude cometer. Al final del último capitulo lloré sin entender. “Soy sentimental” pensé. Pero no, algo dentro de mí se quebraba dolorosamente: Mi caja de cristal. Y me acosté a llorar, llorar porque me había abandonado a mí misma, llorar porque hacía tiempo no lloraba de verdad, llorar por las promesas vacías y los sueños rotos, llorar por el sin sentido de la vida. Fue feo reencontrarme con la inocencia que perdí, con el final de cuentos de hadas que borré y con el dolor que evité durante años. Fue… doloroso, como debía ser. Y entendí que todos fallamos, pero yo no soy una persona fuerte, una persona fuerte se planta firmemente ante sus problemas, yo los evitaba y arrojaba a la caja de cristal sin fondo. Fue terrible que por esta serie mi caja de cristal se quebrara, porque ya no podré hacer otra, no a esta altura de mi vida. Sin embargo aprenderé, como debe ser, a vivir con promesas que no logre cumplirme a mí misma, con sueños que no puedan realizarse y con el dolor de la vida para madurar. Entonces llegó a mí, anoche, algo más que una solución, una marca, una forma de aceptar lo que tengo que aceptar, mi caja de cristal se rompió y todo lo que guardé en ella ahora ha vuelto a mi corazón, pero a pesar de las caja quebrada, las promesas vacías, los sueños rotos, los deseos insulsos, el adiós a los seres que amo y amé, el amor no correspondido, a pesar del sufrimiento y las dudas:
Todo estará bien.
Todo estará bien.


n se q dsecir pero abeses en esa serie te muestra que talves asi quieres tu vida y apesar de que ellos sufren tambien no es real sino una historia q al final tiene un final feliz mientras k en la vida tienes k escribirla dia a dia y n sabes como ba atermir.
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