Adormecer al dolor por un rato sólo sirve para sentirlo luego con mayor intensidadY aprendí mucho de la vida para saber que eso, es cierto. Y como la mínima gota de agua que soy sumergiéndome en las profundidades del sufrimiento, sé además que el dolor es muy grande. Es como si todas las demás me chocaran insistentemente contra las rocas, haciéndome perder fuerzas, ganas y sueños. Tú me tiras contra las rocas para que dé por perdida la batalla, ¿O no es lo que vives haciendo?
Dejando de ser una gota de agua, soy también un ser humano, y puedo llorar mares y mares. Y lo he hecho. Caminaba por la playa ese verano 2008 cuando separaste nuestros caminos, y te juro que sólo pensaba en una cosa: En que había cientos y cientos de personas riendo allí, y yo solamente necesitaba a una, a ti.
Las olas chocaban con parsimonia contra mis pies descalzos erizando con su frío, mi espalda, mojando mi cuerpo y mareando mis pensamientos; ¿Cómo llegaste a ser tan indispensable? ¿Cómo? ¿Acaso me equivoqué tanto?
Y me di cuenta de que no estaba equivocada, sólo que era tan minúscula frente al mar que se me anteponía, tan indefensa frente a los misterios de las profundidades, que tú jamás me ibas a amar tanto como amabas la libertad que expresa un océano.

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