Regreso al mismo lugar, a los mismos recuerdos, una y otra vez. Repito las palabras y los escenarios. Pasan los meses y las estaciones, los días y las distancias, y yo sigo aquí aferrada al mismo vacío de siempre. Mientras evito pensarte todo funciona medianamente bien. Pero no puedo evitar esta inmensa pared durante mucho tiempo. Nunca pude.
Entonces caigo. En todo lo que has dejado atrás, en la nada misma, caigo. Porque una canción sonó en el momento equivocado, porque en la tienda pasó alguien con el perfume equivocado, porque tomé la ruta equivocada o simplemente porque yo misma vivo equivocada.
No me quedan fuerzas para odiarte o para seguir alejándome de los recuerdos. No me quedan fuerzas para seguir creyendo que volveré a verte. No me quedan fuerzas ni para vivir. ¿Me habré vuelto loca? ¿Cómo se supone que siga enamorada de quien hoy es una sombra? Ha pasado tanto tiempo...
Ha pasado tanto tiempo que temo olvidar tu sonrisa, a pesar de soñarla cada vez más seguido, tanto tiempo que temo no recordar tu aroma a chocolate, aunque esté grabado a fuego en cada una de mis células. Ha pasado tanto tiempo y sin embargo, para mí, todo sigue igual. Sigo siendo la inmadura que reía con tus bromas y lloraba por espinas en vez de rosas. Sigo siendo la que te sonreía y abrazaba cuando llegabas entre la lluvia. Sigo siendo la que, estúpidamente, se sonrojaba cuando le decías que la querías.
Sólo tú has cambiado. Has cambiado tanto que ya no sé quién eres. ¿Seguirás siendo ese que corría por toda la casa para atraparme? ¿Ese que cantaba con un perfecto acento inglés canciones que nadie conoce? Espero que sigas siendo aquél que traía películas predecibles y aburridas sólo para quedarse charlando conmigo toda la noche. Pero si ya no eres él, espero que seas al menos ese que amaba las cosas simples y verdaderas y que gustaba de escribir poemas que nadie leería nunca.
No me queda nada. Hoy entiendo que en un desesperado e inconsciente intento de arrancarte de mí, maté todos mis sentimientos. Alejé a mis amigos porque dejaron de importarme, dañé a mi familia porque me aislé de ellos, perdí el rumbo porque nada me apasionaba. Ni siquiera solté una lágrima cuando mi abuelo, habiendo sido un padre para mí, falleció. Y sólo entonces creí que lo había logrado, que mutilando la parte humana de mí te había olvidado, pero no.
No me quedan fuerzas para odiarte o para seguir alejándome de los recuerdos. No me quedan fuerzas para seguir creyendo que volveré a verte. No me quedan fuerzas ni para vivir. ¿Me habré vuelto loca? ¿Cómo se supone que siga enamorada de quien hoy es una sombra? Ha pasado tanto tiempo...
Ha pasado tanto tiempo que temo olvidar tu sonrisa, a pesar de soñarla cada vez más seguido, tanto tiempo que temo no recordar tu aroma a chocolate, aunque esté grabado a fuego en cada una de mis células. Ha pasado tanto tiempo y sin embargo, para mí, todo sigue igual. Sigo siendo la inmadura que reía con tus bromas y lloraba por espinas en vez de rosas. Sigo siendo la que te sonreía y abrazaba cuando llegabas entre la lluvia. Sigo siendo la que, estúpidamente, se sonrojaba cuando le decías que la querías.
Sólo tú has cambiado. Has cambiado tanto que ya no sé quién eres. ¿Seguirás siendo ese que corría por toda la casa para atraparme? ¿Ese que cantaba con un perfecto acento inglés canciones que nadie conoce? Espero que sigas siendo aquél que traía películas predecibles y aburridas sólo para quedarse charlando conmigo toda la noche. Pero si ya no eres él, espero que seas al menos ese que amaba las cosas simples y verdaderas y que gustaba de escribir poemas que nadie leería nunca.
No me queda nada. Hoy entiendo que en un desesperado e inconsciente intento de arrancarte de mí, maté todos mis sentimientos. Alejé a mis amigos porque dejaron de importarme, dañé a mi familia porque me aislé de ellos, perdí el rumbo porque nada me apasionaba. Ni siquiera solté una lágrima cuando mi abuelo, habiendo sido un padre para mí, falleció. Y sólo entonces creí que lo había logrado, que mutilando la parte humana de mí te había olvidado, pero no.
Pasé dos años completamente sola, encerrada en este cuarto y en mí misma, extinguiendo todo lo puro que había en mí, y aún así, aún así no logré enterrar lo que siento por ti. Pasé dos años sin emocionarme o entristecerme por nada y, maldición, no sirvió para nada. Llevo seis meses torturándome y agotando todas mis fuerzas en evitar tu recuerdo, pero vuelvo aquí a volcar mi fracaso. Cada día duele y cuesta más. No logro apaciguarlo llorando, siendo que olvidé cómo hacerlo. Nada, nada funciona.
¿Qué se supone que haga? ¿Buscarte? ¿Contártelo? Sé que lo entenderías, pero tu vida al fin está yendo bien y lo único que hacemos cuando estamos cerca es dañarnos. Vaya, supongo que este es el adiós definitivo que siempre quise darte. Supongo que nunca estuve lista para hacerlo. Supongo, según pinta el panorama, que tú sí.
Estaba segura de que volverías, como has hecho siempre, pero cada día cuesta más creerlo. Hace un año te dije que se nos había ido el tren. Soné tan segura, hasta yo misma me lo creí... pero me has vuelto una gran mentirosa. Di demasiadas cosas por sentado, creyendo que mis palabras te darían igual como hacían siempre y que seguirías intentando. Siempre fuimos así ¿Recuerdas? Uno dañaba el orgullo del otro, impulsándonos a retarnos cada vez más. ¿Has tirado la toalla?
Doce meses atrás sólo quería que desaparecieras de mi vida. Hoy, sólo me falta suplicar de rodillas para que vuelvas. Estoy aquí, estancada en el mismo lugar y en los mismos recuerdos. Todos los sentimientos que no sentí vuelven para torturarme, ahora apuntando en una misma dirección, haciéndome a mí lo que yo hice con ellos: matarme.
¿Qué se supone que haga? ¿Buscarte? ¿Contártelo? Sé que lo entenderías, pero tu vida al fin está yendo bien y lo único que hacemos cuando estamos cerca es dañarnos. Vaya, supongo que este es el adiós definitivo que siempre quise darte. Supongo que nunca estuve lista para hacerlo. Supongo, según pinta el panorama, que tú sí.
Estaba segura de que volverías, como has hecho siempre, pero cada día cuesta más creerlo. Hace un año te dije que se nos había ido el tren. Soné tan segura, hasta yo misma me lo creí... pero me has vuelto una gran mentirosa. Di demasiadas cosas por sentado, creyendo que mis palabras te darían igual como hacían siempre y que seguirías intentando. Siempre fuimos así ¿Recuerdas? Uno dañaba el orgullo del otro, impulsándonos a retarnos cada vez más. ¿Has tirado la toalla?
Doce meses atrás sólo quería que desaparecieras de mi vida. Hoy, sólo me falta suplicar de rodillas para que vuelvas. Estoy aquí, estancada en el mismo lugar y en los mismos recuerdos. Todos los sentimientos que no sentí vuelven para torturarme, ahora apuntando en una misma dirección, haciéndome a mí lo que yo hice con ellos: matarme.
Mierda, ¿puede ser que pongas en palabras aquello que no quiero decir? Aquello que siento, pero que no quiero expresarlo, porque se que si lo hago no hay vuelta atrás. Quiero no pensar, estuve todo el día evitando hacerlo y llego aca, y de casualidad leo esto, y es inevitable no hacerlo. ¿Sera posible que tus palabras expresen justo lo que me pasa? ¿Cómo puede ser eso posible?
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