sábado, 22 de junio de 2013

Sad

Triste. 
       Es demasiado triste. Es demasiado triste y doloroso ver cómo te desintegras entre falsas apariencias y dotes de una inteligencia salida de ningún lado. 
       Es demasiado abrumador ver cómo caes en el juego que tú mismo has inventado, cómo le sonríes a una negligencia peligrosa. 
    Es triste y decepcionante que al abrirse el telón sólo estés ahí parado, portando una máscara roída y ya vacía de significado. 
       Es triste y devastador volver a tu vida luego de un largo tiempo y ver que no queda nada. Que todo lo que has sido, dicho y hecho, se ha desvanecido. 
      Ya no puedo verte entre tantas mentiras. Entre tantos disfraces. ¿En quién demonios te has convertido? ¿En quién demonios me he convertido yo, para llegar a ser tan ilusa y creer que todo seguiría igual? Acepto que yo he cambiado. He crecido, sufrido y mutado en algo que no puedo controlar. ¿Pero en qué parte del cambio te equivocaste tanto? ¿En qué parte del cambio te perdiste a ti mismo? Pareciera que has juntado las pocas piezas de ti que estaban sanas, uniéndolas en una mala imitación de tu verdadero yo. Un reflejo mal enfocado de lo que solías ser. 
        Es triste y me duele, me consume, lo poco que queda de ti, si es que queda algo. Me aterra adentrarme en tu nuevo yo, tan lleno de odio, de negación, de conformismo. Me aterra conocer a esa persona que siempre prometimos no ser. Esa hipócrita, cínica y arrogante que a veces veíamos de lejos. 
       Pero no me sorprende. Ya hace tiempo había vestigios de esa persona en ti. A veces, si te veía bien de cerca, veía a ese ser herido con ganas de herir, a ese ser que se creía capaz de pasar por sobre todos los demás. Nunca creí que llegarías a soltar a esa bestia. 
       Es triste hablarte como si fueras un extraño. Como si fueras el vendedor de una tienda o el pariente lejano al que nadie ve muy seguido. Es triste que me hables como a una desconocida. Que nuestras conversaciones se deriven al clima, la cena o nuestras mascotas. Es triste que cuelgues indirectas en tus frases, y que éstas parezcan llenas de rencor, dolor, o vete tú a saber. ¿Lo sabes siquiera? ¿Eres consciente de que estás culpándome por algo que no hice? ¿Sabes que tus palabras lucen afiladas, aterradas, inseguras y lastimadas? 
      ¿Sabes que aunque me digas mil veces que estás bien, no me lo creeré? Puedo ver al ser mutilado dentro de ti. Al verdadero, al que siempre he amado, al que tienes como prisionero por crímenes que no cometió. Detrás de tu falsa arrogancia y el metal candente de tus palabras, veo el temor y la soledad. 
       Y es triste. Y me duele. Me duele que me apartes de tu vida cuando hace sólo un suspiro regresé a ella. Me duele que uses tu máscara conmigo cuando creí que siempre seríamos sinceros el uno con el otro. Me duele la impersonalidad, la incomodidad con la que hablamos. Me duele que estés atravesando ese túnel rojo de ira, rencor, dolor y soledad. Me duele estar esperándote al final de éste. 
       Porque yo ya lo crucé y no hay nada mejor del otro lado. Porque yo ya lo crucé y tú no estuviste ahí para mí. Pero yo quiero estar ahí para ti, como la estúpida masoquista que siempre he sido. 
       Es triste que a pesar de todo lo que hemos pasado, aún seas incapaz de verme. Que a mí, de entre todas las personas, elijas mentirme. Y que, para peor, creas que voy a creerte. 
     Es triste ver en lo que nos hemos convertido. Pero es más triste pensar en lo que no podremos volver a ser jamás
       

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