martes, 15 de mayo de 2012

Confesión.-

Durante mucho tiempo —especialmente desde finales de 2O11— hubo cosas que me hicieron cambiar. No importa mucho, sólo me volví fría. Intentaba sentir y no podía. Hasta que comenzó a gustarme eso de "no sentir nada por nada ni nadie". Me iba demasiado bien para ser cierto; y llegó él. ¿Importa quién es y cómo se llama? No, ya. Importa que canta. Sí, importa porque su voz destruyó toda la capa de hielo que cubría mi alma. La colapsó. La desintegró. La derritió.
(Y voy a ser sincera con la docena de personas que me siguen o con los que cliqueen aquí por error)
Estaba aburrida un sábado por la tarde cuando en cierto programa apareció un chico de rulos con camisa blanca y sonrisa compradora. Sí, dije programa. Sí, omití inalcanzable. Y tenía ojos celestes grisáceos. Ojos del color del hielo. Ojos del color de mi alma. Lo presentaron como participante de un concurso. De X provincia. Y cantó. Y en ese momento mi mundo, casi literalmente, se vino abajo. Así como una casa de naipes. Así como la misma falsedad en la que había vivido tanto tiempo. Porque su voz transmitía todo lo que yo retenía. Y todo lo que a mí me faltaba. Porque sus ojos parecían cansados del mundo, como los de la mayoría, pero tenían algo más. Amor por la vida. Esperanza. Sueños. Tenían todo lo que yo perdí hace tanto... y su voz lo transmitía.
Pasaron los días. Mi curiosidad me venció, busqué su nombre en infinidad de lugares. Descargué sus canciones. Descubrí su mundo. Y caí. En dónde caí, nunca lo sabré, pero que sentí el golpe lo sentí. Me tiré a llorar por primera vez en meses mientras su música sonaba. ¿Por qué? Ni yo lo sé. Quizás en ese momento ya sabía que él había derretido mi hielo. Quizás temía que lo hiciera. Y quizás sólo lloraba por lo imposible. Él me estaba mostrando todo un mundo nuevo al que yo le había sido indiferente por demasiado tiempo. Su voz me estaba enseñando a creer. Y yo no quería creer. No quiero.
Tuve amores platónicos, como todo el mundo. Y les juro que eso no se compara con esto. ¿Que qué es? No lo sé. No vengo a decir todo esto para crean que es amor porque no lo es, porque no lo conozco, porque nunca lo haré. Hablé con él, de esas típicas conversaciones de fan a ídolo: "Gracias por el apoyo, esto es un sueño para mí" o "De verdad me alegra que te gustara X tema" ¿Qué esperaba, verdad? Él está cumpliendo su sueño y yo soy del montón que lo ayudará a hacerlo. Fin. ¿Pero qué pensaría él si supiera lo que su música hizo conmigo? Seguramente me diría "Gracias/Me alegro/Qué lindo", y no porque sea una mala persona, sino porque así es el esquema de los mundos "Famoso-Fan" y yo no seré quién lo rompa.
Cada noche desde entonces, me acuesto imaginando vidas paralelas, o mundos en los que nos cruzamos, o me hago preguntas ilógicas; "¿Por qué él, por qué a mí? ¿Qué pasó, qué me hizo?" Son las más comunes. Y sé las respuestas. Y me aterran. Me aterran porque desde que él entró a mi vida, empecé a sentir. Siento cosas que antes no sentía. Nostalgia, rabia, ira, emoción, tristeza, cariño, calidez. Siento. Y sentir me hace creerme débil, vulnerable y expuesta. Sentir me da terror. Sentir me expone ante el dolor. Ante eso de lo que huí en principio.
Y aunque no me guste, aunque llore cada noche por eso, su voz me descongeló. Su voz me liberó de mis propias jaulas. Aunque me aterre lo que me queda por delante, su voz me salvó.

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