jueves, 24 de enero de 2013

Lost

  















I want to be my old self again




Perdida. Así me siento.
¿Te has perdido alguna vez? De forma literal, pregunto. Yendo a un lugar por primera vez, tomando el micro equivocado... no importa. La sensación es horrible. Lo primero que piensas es: "De acuerdo, no pasa nada, puedo arreglármelas." Y sabes que no, que no puedes. Te preguntas cómo has podido ser tan malditamente estúpido/a. Se te anuda el estómago. La gente te parece peligrosa aunque no se voltee a verte. Te asustas, te cuestionas, te culpas. Todo eso mientras intentas no parecer débil, no vaya a ser que un asesino serial esté buscando victimas detrás de un árbol.
Finalmente llegas a casa. De noche, con lluvia, temblando o con tu madre dándote el sermón de la vida. Pero llegas.
Perderte emocionalmente es parecido, sólo que en esos casos no puedes llamar a tu madre para que vaya a salvarte. Y en mi caso, no hay hogar al que regresar.
Todo es negro. Todos parecen peligrosos y no hay a quién echarle la culpa. Me perdí buscando algo. ¿Qué?
Lo más absurdo es que no sé qué estaba buscando. ¿Paz? ¿Superación? ¿A él?
No. Ahora veo que no. Buscaba huir. Huir de los recuerdos. Huir de los reproches. Huir de los problemas. Huir de .
Es gracioso cómo cada paso que daba estos últimos años me hacía perderme más y más. Es patético cómo no me di cuenta.
Cambié. Cambié tanto que me desconozco. Me perdí tanto que no puedo encontrarme a mí misma, no puedo regresar. No quiero.
Regresar implicaría hacerle cara a mis problemas. Y nunca fui de las personas que le plantan cara a los problemas. Siempre fue más fácil hacerlos a un lado durante el tiempo suficiente como para que se evaporaran. Y si no se evaporaban, bueno... en algún momento lo harían. O vendría alguien más a solucionarlos. Patético.
No hay nada. Sólo oscuridad y vacío. Nada me completa. No busco que nada lo haga, en realidad. Temo darme cuenta de en dónde estoy varada. Temo encontrar el camino a casa. Encontrarlo significaría volver a ser esa niña estúpida que lloraba por todo, que confiaba en todos y que amaba a al mundo. Esa niña tan fácil de herir.
O no. Quizás si volviera encontraría todo distinto. Quizás podría seguir siendo quien soy ahora. Pero no tengo ganas. Estar perdida es mucho más sencillo. Es flotar por sobre las espinas, sin pincharme. Es menos doloroso estar incompleta que estar rota.
Y quién sabe. Quizás no tenga que volver a casa. Quizás sólo tenga que tomar un camino diferente. Quizás sólo deba dejar de sentirme perdida, y así dejaré de estarlo realmente.

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